¿Sabes cuantos años tiene el semaforo? Mas de los que imaginasLa tecnología, que hace obsoletos muchos objetos entre nosotros desde siempre, amenaza ahora a uno de los inventos que más ha hecho por la movilidad: el semáforo. Nacido mucho antes incluso que la automoción, los avances en conectividad podrían reducir (o anular) su importancia para la regulación del tráfico, al menos, entre los coches.

Si tu coche no lo va a echar de menos, ¿lo harán los peatones? Lo que sí echará de menos tu vehículos es que no le procures el mantenimiento que necesita para estar en perfecto estado. Algo en lo que los talleres de Aufofit te podemos ayudar.

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La evolución del semáforo

Tras distintos métodos más o menos sofisticados para controlar el tráfico usados con anterioridad, el primer ‘semáforo’ estático se instaló en Londres el 9 de diciembre de 1868 frente al Parlamento británico.

Inventado por J.P. Knight, tenía dos brazos con dos farolillos de gas en sus extremos, uno rojo y otro verde, para condiciones de baja luminosidad y debía ser controlado manualmente. Sin embargo, al mes explotó por una fuga en las tuberías de gas bajo el pavimento, hiriendo al policía que lo manejaba.

En las primeras dos décadas del siglo XX, las señales de tráfico como la de Londres se fueron extendiendo. Por ejemplo, en Estados Unidos cada estado tenía su propio diseño del dispositivo.

Un ejemplo fue el de Toledo, Ohio, en 1908. Tenía las palabras ‘Stop’ y ‘Go’ en blanco sobre un fondo verde y las luces tenían lentes rojas y verdes iluminadas por lámparas de queroseno para los viajeros nocturnos y los brazos tenían 8 pies (2,4 m).

Estaba igualmente controlado por un policía que hacía sonar un silbato antes de cambiar la señal para alertar del cambio. Este diseño también se usó en Filadelfia y Detroit.

El primer semáforo autónomo y eléctrico

Sin embargo, es en Cleveland, el 5 de agosto de 1914, cuando se instala entre la East 105th Street y Euclid Avenue el primero sin necesidad de manejo humano y eléctrico, obra del inventor Morgan Garret.

Este semáforo se parecía mucho al de gas de Knight con dos luces, roja y verde, incorporando además un sonido, aunque Garret lo transformó en una señal autónoma. El invento terminó de evolucionar cuando General Electric compró la patente e incluyó la luz ámbar para dar margen de frenada a los coches.

Casi medio siglo después, en 1961 se incorporó el muñeco para ayudar a los peatones, un sistema que se expandió por todo el mundo. También como estándar mundial, el rojo siempre se sitúa arriba o a la izquierda para ayudar a los daltónicos.

Su implantación en Europa y España

En 1912, se colocó un dispositivo de control de tráfico en la parte superior de una torreta en París, entre las calles de Montmartre y de Faubourg-Montmartre. Esta señal estaba a cargo de una mujer policía y ella operaba una caja de metal giratoria de cuatro lados en la parte superior de una vitrina. Apenas duró 20 días instalado.

Tras la I Guerra Mundial, el primer semáforo eléctrico lo colocó Siemens en 1924 en la Potsdamer Platz de Berlín, el cruce más activo del continente en aquella época.

Y dos años después llegó a España: fue colocado en Madrid, en el cruce de la calle de Alcalá con la de Barquillo. Barcelona tuvo el suyo en 1929 en el cruce de Provença con Balmes.

Por cierto, en sus inicios las bases de los semáforos españoles estaban pintadas en rojo y blanco para que se vieran bien. Sin embargo, acabó adoptándose el verde oliva actual.

¿Y el futuro?

¿Supondrá la conectividad del coche con las infraestructuras el fin de los semáforos? En primer lugar, deberían contar con esa tecnología todos los coches, lo que aún tardará. Además, motos, bicicletas y otros vehículos aún lo equiparán más tarde. De igual forma, los peatones necesitarán al semáforo para su seguridad.

Quizá el coche autónomo convierta a los semáforos en innecesarios, pero pasarán años hasta que todo el parque de vehículos del mundo deje de necesitarlos. Mientras, el semáforo seguirá prestando su gran servicio y haciéndonos la vida más fácil y segura.

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