Los motivos por los que tu coche diésel puede aumentar su consumo¿Tienes un coche diésel y estás preocupad@ porque consume más combustible que antes sin motivo aparente? Puede que haya llegado el momento de averiguar qué le ocurre a tu vehículo.

Antes de sopesar que puede deberse a una avería del motor, piensa que el consumo elevado de gasóleo puede tener su origen en diversos factores. Por ello, es importante reconocer qué problemas pueden disparar el consumo de tu coche diésel y cómo prevenirlos.

¿Qué hace que un coche diésel consuma más?

Un mal mantenimiento del vehículo, cargarlo de forma excesiva o una conducción agresiva son tres (malos) hábitos que incrementan el consumo. Si el primero lo dejas en manos de tu taller Autofit de confianza, los demás te serán más fáciles de corregir. Y es que un mantenimiento inadecuado puede provocar averías que denoten un aumento del consumo.

Los filtros, claves para el funcionamiento del motor

Unos filtros sucios pueden ser el origen de comportamientos anómalos del motor, cuando no de costosas y complejas averías. Por ello, lo primero es asegurarnos de que éste ‘respira’ bien con un filtro de aire limpio, y que se ‘alimenta’ bien gracias a un gasóleo libre de impurezas por un filtro de combustible en buen estado.

Asimismo ¿está correctamente lubricado el motor con un aceite acorde a las exigencias del fabricante, con un nivel adecuado —clave, revisarlo periódicamente— y con un filtro de aceite en condiciones para retener la suciedad que va atrapando el lubricante? Si es así, el motor estará bien cuidado y el aumento de combustible podría tener otro origen.

Inyectores sucios=pulverización pobre

Si las tareas de mantenimiento básico las tenemos al día y seguimos detectando un consumo anómalo, tocará investigar más en profundidad, especialmente si nuestra conducción es sobre todo urbana y/o tendemos a circular de forma habitual a muy bajas vueltas.

De este modo, unos inyectores sucios se traducen en falta de potencia y aumento del consumo por una combustión poco eficiente motivada por la pobre pulverización del gasóleo de esos inyectores cegados. Los depósitos que se acumulan en sus orificios provocan que se vayan obstruyendo y que dificulten la atomización del gasóleo en las cámaras.

EGR, FAP… atención a los sistemas anticontaminación

Los sistemas anticontaminación son claros focos de avería y de aumento del consumo cuando no trabajan de forma correcta. Una válvula EGR averiada o cegada puede provocar el paso constante de gases de escape a las cámaras de combustión, lo que obstruye el paso de aire limpio y, con ello, una caída del rendimiento.

Por su parte, el filtro antipartículas puede elevar el consumo, pues, si éste se avería, se convertirá en un tapón que dificultará el trabajo del motor. Además, ten en cuenta que la regeneración del filtro FAP implica un gasto extra de combustible, por lo que si no dejamos que finalice el proceso, éste se repetirá tantas veces como sea necesario.

El caudalímetro y otros sensores

Un motor diésel debe conocer de forma exacta la cantidad de gasóleo y aire que entra en las cámaras, por lo que un fallo en los sensores del motor provocará un funcionamiento anómalo. Uno de los sensores clave es el caudalímetro, que mide la cantidad de aire aspirado por el propulsor para regular la cantidad de combustible que debe inyectar. Cualquier fallo de lectura implica que el motor trabaje de forma incorrecta.

Además, esta información se complementa con otras variables (temperatura, presión…) que pueden afectar al trabajo del propulsor si las lecturas no son correctas. Estas averías también pueden llegar a impactar en el turbo.

Otros factores que también elevan el consumo

No sólo la mecánica influye en el consumo de combustible de un coche. Otros factores también afectan de forma negativa como, por ejemplo, una presión inadecuada en los neumáticos, la instalación o eliminación de elementos que comprometan la aerodinámica (baca, arcones…).

También, el gasto de carburante puede incrementarse por mayores consumos eléctricos debido a la instalación adicional de equipos multimedia o iluminación, por un sistema de refrigeración en el que falla el termostato; o por una climatización averiada que mantenga conectado permanentemente el compresor del aire acondicionado.

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