Conducción imprudente: ahora las penas se endurecenConducir de forma responsable y practicar un buen mantenimiento de tu vehículo son dos de los mejores consejos que debe seguir todo conductor. Y es que una conducción imprudente no sólo pone en riesgo tu seguridad, también al resto de usuarios de la vía, ya sean otros conductores, motoristas, ciclistas, peatones…

Del mismo modo, no cuidar tu vehículo, cumpliendo con las revisiones periódicas establecidas por su fabricante y sustituyendo los elementos sometidos a desgaste cuando llegan al final de su vida útil, no sólo puede provocar graves averías, también te pone en peligro cuando sales a la carretera.

Sin embargo, no hay peor actitud al volante que practicar una conducción imprudente que haga peligrar tu vida y la de los demás. Por eso, para intentar reducir su impacto en la seguridad vial, el pasado 2 de marzo el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó una nueva reforma del Código Penal, que tiene como objetivo minimizar los accidentes de tráfico causados por imprudencias al volante.

Esta reforma endurece las penas por imprudencias al volante, al incluir como agravantes el exceso de velocidad o el consumo de alcohol y drogas. Además, también sanciona el abandono del lugar del accidente.

Conducción imprudente en el Código Penal

La nueva norma, Ley Orgánica, 2/2019, modifica otra Ley Orgánica (la 10/1995, de 23 de noviembre) del Código Penal, en materia de imprudencia en la conducción de vehículos a motor o ciclomotor. Su objetivo, como decimos, es reducir los accidentes de tráfico causados por imprudencias al volante, haciendo especial hincapié en los que resultan afectados peatones y ciclistas, dándose además la circunstancia de que el causante del accidente, no sólo no socorre a las víctimas, sino que huye del lugar de los hechos.

Así, se crea un nuevo delito contra la seguridad del Tráfico: el de abandono del lugar del accidente. Dicho delito es autónomo y diferente del ya existente de “omisión del deber de socorro” (en el que puede incurrir cualquier persona que no socorra a otra), pudiendo acarrear penas de seis meses a cuatro años de prisión, y privación del carné de conducir de uno a cuatro años, si el origen del accidente es una imprudencia. O de tres a seis meses de prisión y privación del carné de conducir de seis meses a dos años, si el origen es fortuito.

Por otro lado, se modifican los delitos contra la seguridad del tráfico. En concreto, se considerará «imprudencia grave» al volante la conducción bajo el efecto de drogas tóxicas, estupefacientes, sustancias psicotrópicas, o bebidas alcohólicas; la desobediencia civil por negarse a someterse a una prueba de alcoholemia; o la conducción temeraria (altas tasas de alcohol en sangre o exceso de velocidad desproporcionado).

En resumen, con la nueva regulación propuesta, en cualquiera de estos tres supuestos, no habrá margen de interpretación y se considerará imprudencia grave, en cualquier caso.

Aumento de las sanciones

Como ves, el resultado de esta reforma es un aumento de las sanciones ya establecidas para determinadas conductas con resultado de muerte o lesiones, derivadas de actuaciones que se consideran conducción imprudente. De manera que, si se ocasionara un resultado lesivo constitutivo de delito (fallecimiento o lesiones), los jueces apreciarán la infracción más gravemente penada, pudiéndose además ampliar el límite máximo para ese delito. Igualmente se aumentan las penas aparejadas a la producción de lesiones por conducción imprudente.

De esta forma, al ya existente delito de homicidio por imprudencia grave (de uno a cuatro años de cárcel), se añade la matización de que si el homicidio imprudente se cometiera utilizando un vehículo a motor se podrá imponer una pena de uno a seis años, considerándose imprudencia grave la conducción bajo el efecto de drogas o alcohol. Y si se provoca la muerte de varias personas, o la muerte a una y lesiones a otra la pena podría llegar a los nueve años de cárcel.

Esta reforma ha salido adelante, gracias a una iniciativa popular, impulsada por la mujer de un fallecido en un accidente de tráfico. La persona que sufrió el accidente con su cónyuge se dio a la fuga, propiciando su muerte. Los servicios de emergencia informaron que, si el causante del accidente hubiese avisado a las emergencias, el fallecido podría haber salvado su vida.

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