Cómo funciona y qué averías puede tener el turbo del coche

Cómo funciona el turbo de tu coche y por qué puede averiarseEl turbo se ha convertido en un elemento mecánico muy común en los motores de los coches de hoy en día. Si bien durante mucho tiempo fue ‘patrimonio’ de los propulsores diésel y de coches premium y deportivos de gasolina, la exigencia de motores más potentes y eficientes ha llevado a que los propulsores más ‘pequeños’ de gasolina también hayan adoptado este elemento de sobrealimentación.

El turbocompresor no es más que una bomba de aire caliente que fuerza la entrada de aire en el motor. Con más aire en los cilindros, el motor funciona de forma más eficaz, aumentando la potencia y reduciendo el consumo y las emisiones de gases contaminantes.

En la práctica, el turbo es un dispositivo que es accionado por los gases de escape que salen del motor y hacen girar las turbinas que lleva incorporadas (de admisión y de escape). Estas turbinas van unidas mediante un eje y cuanto más gira la turbina de escape, más girará la turbina de admisión.

¿Cómo funciona el turbo?

Aunque existen distintos tipos de turbos (de geometría fija, geometría variable, Twin Scroll, eléctrico…) su funcionamiento es básicamente el mismo. El aire que es aspirado por la turbina de admisión entra a baja presión y alta velocidad, y por la forma de canalización del turbo (denominado “caracola”) se produce una disminución de la velocidad del aire y un aumento de presión, provocando que el llenado de los cilindros sea completo.

El aire entra a temperatura ambiente y sale de la turbina de admisión a unos 200ºC, con lo cual disminuye la densidad y se pierde potencia, debiendo incorporar el vehículo un intercambiador de calor o intercooler para reducir la temperatura.

En este componente son fundamentales las válvulas. Generalmente hay dos tipos. La más utilizada es la válvula recirculadora, que vuelve a introducir el aire sobrante en el circuito del intercooler. La otra opción es la válvula de descarga que expulsa el aire sobrante del circuito al exterior.

También encontramos la llamada válvula dump valve, válvula de alivio o válvula blow off, que es la encargada de evitar que la presión provocada por la fuerte inercia del turbo sature los conductos, lo que repercutiría en una fuerte desaceleración de la turbina.

¿Por qué puede fallar el turbo?

Los fabricantes estiman la duración del turbo en 250.000 kilómetros, si bien esto dependerá mucho del mantenimiento que efectuemos al vehículo, así como de nuestra propia conducción. Por ello es fundamental seguir algunos consejos que nos ayudarán a cuidar el turbo.

La mayoría de los problemas que sufre el turbocompresor vienen por fallos de lubricación: exceso, defecto o mala calidad del aceite; o por exceso de carbonilla que obstruye el turbo. Normalmente, antes de romperse, el turbo muestra algunos síntomas (humo blanco/azulado, y alto consumo de aceite, rendimiento inferior al habitual o tirones, silbidos o ruidos extraños, como aullidos mecánicos o de aspiradora bajo el capó) que nos ayudarán a detectar que algo no va bien.

El cualquier caso, ante la más mínima duda, lo mejor es parar el vehículo y llamar a una grúa para que a un taller de confianza analice qué avería puede tener nuestro coche. Recuerda que es una de las averías más caras a las que deberás hacer frente en caso de que haya que sustituirlo por completo.

¿Y qué averías puede sufrir?

Son varias las averías que pueden llevar a la rotura del turbo. En primer lugar, se puede producir una holgura o desgaste del eje. Cuando el eje se desequilibra debido al desgaste por el roce, puede quebrar los extremos de las palas de la turbina y esos trozos podrían llegar a los cilindros causando averías mayores. Podemos detectar esta avería si escuchamos ruidos anormales en el turbo.

Por otra parte, debido a la velocidad y temperatura a la que se somete al eje, éste gira sobre unos casquillos que le permiten flotar sobre el aceite a presión. Estos casquillos pueden ir perdiendo hermeticidad, que causen fugas de aceite que se filtrará en el sistema de admisión. De ahí, el aumento de consumo de aceite y el humo azul en el escape.

Asimismo, podemos encontrarnos con una fuga de presión provocada por los manguitos. Debido a los cambios de presión que sufren y a que suelen estar en contacto con aceite, los manguitos del turbo pueden agrietarse y las abrazaderas que los sujetan pueden aflojarse. A veces estas erosiones son invisibles: sólo se ven las grietas cuando el circuito está sometido a presión. Los síntomas son una falta de potencia, la entrada en modo de emergencia del motor y oír algunos “resoplidos” en el vano motor al acelerar.

También se puede producir un fallo de la válvula de descarga. Este elemento, como decíamos, controla la presión a la que trabaja el turbo y está accionado por un pulmón neumático. Es raro que suceda, pero en ocasiones se puede perforar la membrana. Si se perfora, la válvula podrá abrirse, haciendo que la presión de soplado sea irregular.

Por último, en los turbos de geometría variable, sobre todo en los diésel (producen más carbonilla), el mecanismo que cambia la orientación de las aletas se puede agarrotar, de modo que el turbo no regule bien la presión de soplado. Tanto en este fallo como en el anterior, la luz de fallo motor del cuadro de mandos se encenderá y se producirá un descenso de la potencia.

Confía en Autofit

Ante cualquiera de estos síntomas desde Autofit re recomendamos acudir lo antes posible a un taller de confianza donde podrán comprobar si realmente está fallando el turbo o tu coche muestra esos síntomas por otra posible avería.

Y si, finalmente, debes sustituir el turbo, debes confiar esta operación sólo a un taller que te ofrezca todas las garantías. Los talleres Autofit disponemos de la formación y el equipamiento necesarios para efectuar cualquier intervención que requiera tu vehículo.

Confía en los profesionales de nuestra Red cada vez que necesites realizar una operación de mantenimiento o reparación en tu vehículo: trabajamos para ser siempre tu mejor opción a la hora de cuidar tu coche.

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