Mary Anderson norteamericana nacida en 1866 en Alabama, fue uno de los personajes olvidados de la historia del automóvil, hasta que en los años 90 empieza a revelarse la identidad de algunos que se habían atribuido en su momento a nombres masculinos y que sin embargo habían sido obra de mujeres.

En 1902, tras un viaje a Nueva York, mientras tomaban el tranvía, observó que el conductor para y salía constantemente a limpiar el parabrisas cuando se mojaba o ensuciaba. De regreso a Alabama puso en marcha la idea de fabricar un dispositivo de barrido elemental, del que obtuvo la patente. Aunque existían otros diseños de limpaparabrisas, fue el model o de Mary el que funcionó por primera vez.

En 1903 pensó en algún tipo de dispositivo que accionándolo desde dentro del auto limpiase el parabrisas de nieve y lluvia. Fue entonces cuando Mary presentó su proyecto en la oficina de patentes, donde fue aprobada consiguiendo una patente por 17 años. Sin embargo las empresas de automoción pensaban que el invento resultaba incluso peligroso para la conducción, al dificultar la visibilidad del conductor, hasta que en 1908 Henry Ford, siguiendo su instinto innovador, presentó su modelo T que incorporaba limpiaparabrisas, y en 1913 la práctica totalidad de automóviles de Norteamérica lo llevaba incorporado de serie.

El lavaparabrisas

El piloto de automovilismo y mecánico uruguayo Héctor Suppici Sedes desarrolló un lavaparabrisas mediante una bomba de agua en 1931. Hasta 1964 nadie propuso ninguna mejora en el sistema, pero en este año, Robert Kearns, hizo que el invento limpara rápidamente el parabrisas, hacía una pausa de 4 segundos y volvía a limpiarlo rápidamente.

Ford produjo y disbribuyó el invento sin atribuírselo a Kearns, por lo que éste demandó a la marca, teniendo Ford que pagar a Kearns 10 y Chrysler 15 millones de dólares por infracción de patentes.

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